domingo, 2 de enero de 2011

COME Y CALLA

Dos mil once, un número un tanto curioso para un año lleno de incertidumbres; incertidumbres no culturales, porque el ingenio sigue vivo y candente en las mente de los creadores, quizás más vivo y despierto que nunca, a pesar de los recortes presupuestarios y de las estrecheces. Porque es en estas circunstancias cuando el ingenio del artista se revela, se crece, se vuelve especulativo y pide número para entrar en el paritorio. La falta de apoyo económico no va a hacer que los ingeniosos se amilanen, o sucumban al desencanto. Se volverán más críticos, ácidos y mordaces con sus trabajos y caerán las vendas que ciegan. El actor no va dejar de actuar, el escritor no va dejar de escribir, el pintor no va dejar de pintar y el crítico va seguir ejerciendo su labor (el oficio más viejo que acompaña a la especie desde su aparición), porque las cortesanas también tienen su espacio y, cómo no, su mérito. Muchas van a seguir deambulando por pasillos de todos conocidos y van a seguir cumpliendo para que el abad las redima generosamente, al tiempo que hace rechinar el sonajero y tintinear el monedero.

Los habrá también que preferirán aferrarse al volante, hacer de chiquichanca y dedicarse al pastoreo olvidándose del espejismo que les mostró llenos de vanidad codeándose con los dioses del Olimpo.

2 comentarios:

GUIDO FINZI dijo...

A mí lo que más me asusta de estos tiempos, presentes y venideros, es que muy pocos son los que se atreven a ser excéntricos. La mayoría parecen no querer comprender que la excentricidad abunda donde la fuerza de caracter, la fuerza mental, la cantidad de genio y el valor moral.

Un saludo

rollo dijo...

Finzi, al ritmo que va la sociedad actual, el artista debería tener el armario lleno para poder disfrazarse consecuentemente. La excentricidad parece brotar con ímpetu durante la juventud, Bowie,Reed...son un ejemplo.

Saludos.

Publicar un comentario